19/10/2015


Larga vida a Santurcia

La comedia con escenario medieval del colectivo Teatro Breve, se mantiene una semana más en cartelera en el Teatro El Josco, en Santurce. Lee la reseña


A

l otro día todavía sonreía al recordar al Rey Papito (Luis Gonzaga) y a Caballo (Israel Lugo) en acción. Los demás personajes tampoco quedaron en el olvido. No fue ese el veredicto de mi memoria luego de ver la función del pasado sábado 17 de octubre de Santurcia, obra que la compañía Teatro Breve ha mantenido en escena por más de 20 semanas en el Teatro El Josco, en Santurce.

Esperé a que bajara la marea, a que cuajara la historia en escena y corriera, como corrió, cual reloj suizo. Era evidente en las entradas, las salidas, los suaves cambios de escenografía y en la química entre actores vital para cualquier aventura teatral pero indispensable para la comedia.

La Santurcia de Mikephillippe Oliveros es un reino medieval, con mensajeros precedidos por llamados de trompeta al hacer un anuncio y vaporosos ropajes incapaces de reprimir deseos. Pero el reino que ostenta un cangrejo en su banderín está en crisis, no le queda ni una gota de agua y no llueve ni por casualidad en sus tierras.

Se convierte entonces en un requisito establecer alianzas con un reino cercano que nada en la abundancia acuática, Guaynabelot, lugar donde sus habitantes hablan en versos. Un matrimonio entre la princesa de Santurcia, Leticia (Lourdes Quiñones), y el príncipe de Guaynabelot, Junior Leonardo Smith (Mikephillippe Oliveros y antes Juan Pablo Díaz), es la solución inmediata. Agua a cambio de… amor.

Por ahí comienza a caminar la historia que trae otra oportunidad de apreciar la capacidad histriónica de los integrantes del colectivo. Marisé Álvarez fue la criada Yajaira. Con sus cejas unidas y su pronunciada retaguardia, fue bastante hábil en recordarle a su “Princess” lo que de ella se esperaba en beneficio de su reino.

Oliveros era el Príncipe de Guaynabelot a quien ni la ira le hacía perder el ritmo preciso para hablar en versos. Escucharlo pronunciar la “R” era una experiencia que querías repetir una y otra vez.

No andaba solo el Príncipe de Guaynabelot. Le acompañaban su madre, (Isel Rodríguez), con su caneca plateada finamente anudada a su cintura. La Reina viuda, dada a enajenarse del mundo con el alcohol y otros polvos, era especialmente talentosa para explicar lo que nadie dice. Ni la inhibición ni la discreción se contaban entre sus dones. Consejero, acompañante y listo especializado fue Gamalier (Alejandro Carpio), cercano a su amo de Guaynabelot estuvo siempre presto a desenfundar la espada, a sonar la trompeta y a acariciar a Yajaira.

Gamalier, del Reino Guaynabelot, fue encarnado por Alejandro Carpio. Facebook / Teatro Breve

Gamalier, del Reino Guaynabelot, hábil con la trompeta. Facebook / Teatro Breve

El reino en necesidad era dirigido por el Rey Papito (Luis Gonzaga), una suerte de alma libre enteramente capaz de complacer sus urgencias variadas. Uno de esos caprichos andantes era Francisquillo (Esteban Ruiz), su consejero y sirviente.

Su hija, la Princesa Leticia (Lourdes Quiñones), estaría en edad casamentera pero jamás en la onda monógama. No solo su filosofía iba en contra de un matrimonio sino que además el candidato seleccionado le parecía repulsivo y “charro” con ese “hablar raro”.

Ante semejante posición, siempre es ideal que existan seres como Rodrigo (Roy Sánchez Vahamonde), un velagüiras profesional proveniente del Reino de Bayamonte, quien junto a Caballo andaba en busca de aventuras que le dejaran dinero. Ambos encantaban por igual: Rodrigo por su torpeza y Caballo por su renuencia a ser un equino servil. “Si yo corriera…”, decía.

Al acecho están Caballo, (Israel Lugo) y Rodrigo (Roy Sánchez), del Reino de Bayamonte. Facebook / Teatro Breve

Al acecho están Caballo y Rodrigo, del Reino de Bayamonte. Facebook / Teatro Breve

Un mensajero -interpretado en esa función por Ricardo Hinoa quien fue precedido en el rol por Oliveras y por Fofé, cantante de Circo- nos llevaba de un reino a otro, de una situación tonta a otra más idiota con una candidez adorable. Una bruja, encarnada esa noche por Jessica Rodríguez y en carácter regular por Lucienne Hernández, no puede faltar en un universo medieval. Y si acumula pociones, calderos humeantes, rencores y celos pasmaos, mejor sazona el relato.

Descritos los personajes, la trama queda expuesta. Confirma lo que sucede viendo la obra y apreciando las actuaciones. Quiñones maneja a la Princesa con maestría; disfrutamos de sus pataletas tanto como de sus deseos. Álvarez es una criada con flow moderno a quien la sumisión no le sienta muy bien. Sin caer en el cliché amanerado, el rey de Gonzaga iba y venía entre decisiones, entre cuerpos y entre acuerdos, sin remordimientos y guiado solo por su lucro individual.

¡Oh, Rey Papito de Santurcia! Facebook / Teatro Breve

¡Oh, Rey Papito de Santurcia! Facebook / Teatro Breve

Oliveros imparte el justo toque esnob estilo medieval al Príncipe de Guaynabelot, un personaje que seguramente saldría en el ¡Hola!, edición del año 1600. El Gamalier de Carpio tiene un sutil control de la situación en todo momento y Rodríguez logra una Reina de Guaynabelot siempre ausente en la presencia.

Hinoa, como el mensajero, es uno de los personajes que mayor empatía logra con el público. Sánchez Vahamonde es el anti héroe necesario, el hombre que no se afana por nada, falto de ideas pero capaz de reconocer una buena oportunidad. Caballo, sin duda, mejora la historia.

Rodríguez como la Bruja residente en Llorencia, un lugar “caliente, nena, caliente”, solo requiere de un cambio de indumentaria para andar por nuestras calles y Ruiz, como Francisquillo, merece una ovación en solitario por su osadía, su entrega y su habilidad en lograr que dos partes de su cuerpo tiemblen al unísono.

Ver cómo ciertas situaciones provocan sentimientos y estupideces universales que bien se ajustan al medioevo como a este siglo provoca risa. ¿Qué tipo risa? Unas veces la fácil, la que gracias a una palabra soez procura satisfacción garantizada o su dinero devuelto, pero otras también la que nace de la experiencia, del dominio del trabajo actoral y del oficio de escribir para teatro con consistencia y disciplina.

"¿Quién anda ahí?", dice la Princesa Leticia. Facebook / Teatro Breve

“¿Quién anda ahí?”, dice la Princesa Leticia. Facebook / Teatro Breve

Lograr una comedia con la extensión de Santurcia, alrededor de hora y media, es tarea difícil. El ritmo no desciende. La pieza es distintiva del trabajo de Teatro Breve y de su poder de conexión con ese público que junto a ellos ha crecido.

Con Santurcia el colectivo teatral celebra nueve años de labor ininterrumpida y sus aciertos y fortalezas han quedado de sobra demostrados. Han crecido como grupo y en solitario con proyectos individuales.

¿Qué sigue? Espero que al exitoso menú de siempre se sumen obras en las que la situación fácil no oculte el talento que poseen para hacer todo tipo de teatro; ese que está ahí y espera ser desafiado. Buena idea sería sacarlo a pasear con mayor frecuencia.

 

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