07/09/2014


Una isla, 78 identidades

¿Por qué en el país existe una cultura municipal tan arraigada?


H

ablar de una cultura de la fragmentación en Puerto Rico es decir poco. La isla entera es, de muchas maneras, una frontera. Y, precisamente, sus fronteras hoy día nos trascienden cada vez con más fuerza. Hay más personas que se identifican como puertorriqueños fuera de la Isla que adentro y el huracán migratorio reciente (hace tiempo que dejó de ser una “ola migratoria”) amenaza con convertir esa realidad en un asunto definitivo.

De alguna manera, el ser puertorriqueño es una idea que va abocada a convertirse en sinónimo de ser un ser fragmentado. Hay quienes argumentan que eso de la globalización y las identidades mixtas llegó a Puerto Rico mucho antes de que fuera tópico de debate mundial; otros, por el contrario, consideran que no existe tal cosa y que simplemente hay una identidad puertorriqueña que como tantas otras se nutre de multiplicidad de influencias. A eso podríamos añadir la percepción del todo dividida de que mientras algunos reclaman como puertorriqueños en igualdad de condiciones a aquellos que por causas históricas crecieron en los Estados Unidos pero se sienten más boricuas que cualquiera, hay quienes afirman que el deseo de identificarse como puertorriqueños no les dota de la misma identidad que la de aquellos que nacen en la isla, y en ella crecen. Y sobre ese debate se nos podría ir la vida, porque cada argumento nace con su contrario.

Este es apenas un ejemplo de la innumerable cantidad de temas en los que en esta isla no existe consenso. Y no se trata de acuerdos políticos o de ese tipo, sino de consensos básicos dentro de la historia y el imaginario colectivo de un país.

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 Porque por ejemplo, en Puerto Rico no existe un consenso general sobre quiénes son nuestros próceres, a qué le llamamos puertorriqueño, unos creen que somos colonia, otros no lo creen, unos se sienten firmes en una identidad más vinculada con América Latina, otros, no miran hacia otra parte que no sea el norte. Unos hablan -la mayoría- únicamente español, otros ya comienzan a comunicarse mayormente en inglés. Y no puede ser de otra manera porque a estas alturas, Puerto Rico -aunque duela- es un país que muchas veces no sabe que es país; otras no quiere ser país y dentro del espacio de este archipiélago antillano que es nuestra patria hay muchísimas fronteras.

Uno de los asuntos del país que mejor evidencia esta cultura de la fragmentación, lo es un hecho altamente debatido en distintos momentos de nuestra historia. ¿Por qué en un espacio territorial como este -redondeado a 100 x 35- existen 78 municipios? ¿Hay demasiado pueblo y poca tierra? ¿Mucho cacique y poco indio? No es tan simple como suena.

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istintas administraciones han buscado profundizar en este tema, se trabajó incluso una reforma municipal en detalle. Sin embargo, ninguno de estos esfuerzos ha prosperado y las razones son tan diversas como profundas.

Por un lado, una lectura fácil sería decir que en un país donde no hay un control ulterior de la toma de decisiones a nivel internacional debido a nuestro estatus político, lo lógico sería que a falta de poder en las altas esferas, se afiance el poder inmediato. Pero, en efecto, hay mucho más allá. ¿Verdaderamente hay demasiados? ¿Tienen los gobiernos municipales verdaderamente más poder que el gobierno central? ¿Cambiará esto alguna vez? ¿Es cierto ese entendido general de que sin los alcaldes no se ganan elecciones?

Sin duda son preguntas abiertas. Muchas de ellas con respuestas más que claras. Por ejemplo, no es un secreto el hecho de que este tema de los 78 municipios es un asunto cultural, emocional y social que intercede directamente con la eficiencia administrativa del aparato gubernamental en menor y mayor escala en Puerto Rico.

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l historiador Pedro Reina apunta que podrían explorarse varias raíces. Por un lado, la histórica vinculada al hecho de que la Isla fue poblada primero en sus llanos costeros y litorales y posteriormente creció la población en el interior montañoso de manera gradual hasta la llegada en el siglo XIX de la industria del café, que fue el motor económico que generó el poblamiento del interior montañoso.

 “La organización en 78 municipios como unidades políticas respondió a un afán de control político del espacio geográfico completo. Diría que a lo largo del siglo XX los partidos se organizaron de esa manera, con estructuras partidistas que permitían la movilización y justificaba que el espacio geográfico se fragmentara a ese nivel. Lógicamente, eso no explica el origen de cada barrio, cada uno responde a su realidad”, observa Reina para quien durante ese periodo del siglo pasado fragmentar y organizar fue la consigna.

Por su parte Rafael Torrech, profesor universitario y experto tanto en el tema de la reforma municipal como de la historia de los municipios de Puerto Rico, añade que no se debe olvidar que Puerto Rico “fue un país rural hasta el siglo VXIII”. “Las grandes ciudades son un fenómeno del siglo XIX”.

“El movimiento de creación de municipios es de abajo para arriba y se crea por necesidad, cuando empiezan a emerger los albores de un precapitalismo, de una clase media obrera que le dé apoyo a unas operaciones que no son de subsistencia en sí”, explica Torrech toda vez que invita a recordar que este desarrollo tuvo que ver sobre todo con el organigrama necesario para la recaudación de impuestos.

El proceso contributivo es importante y para eso se nombran alcaldes de barrio, son intermediarios. Se ocupan de mantener todo tranquilo en el barrio e informar lo menos posible… de alguna manera eran vistos como monitores

“El proceso contributivo es importante y para eso se nombran alcaldes de barrio, son intermediarios. Se ocupan de mantener todo tranquilo en el barrio e informar lo menos posible… de alguna manera eran vistos como monitores”, señala Torrech quien sobre todo vincula esto al hecho de que a cambio de defender los intereses del gobierno central “se acumuló una gran cantidad de poder, ahí viene el caciquismo”.

“Los españoles no fomentaron el nombramiento de puertorriqueños a puestos públicos, casi todos eran españoles sumamente corruptos”, afirma el profesor.

De ahí que se considere que en Puerto Rico no habían espacios de cogobierno y participación, y el hecho de ser alcalde o comisario de barrio se convierte en una de las pocas áreas en las que era posible participar del gobierno de la isla.

“Ahí, el ser alcalde se convierte en un instrumento de poder local que se presta para el caciquismo, que se define como un gobierno de influencias donde se toman decisiones políticas, sociales y económicas en interés de las grandes influencias y no de los residentes. El cacique es un instrumento y la política en España de la restauración de la colonia es una política del caciquismo”, analiza Torrech.

Otro aspecto destacable es que el aumento en el número de municipios en Puerto Rico estuvo, además, directamente relacionado con el vertiginoso crecimiento poblacional que se vivió en Puerto Rico en ese periodo histórico. “Estamos hablando de ir de cien mil habitantes a un millón”.

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i bien es cierto que el conocimiento de los geógrafos es vital para entender los territorios, también lo es el que el horizonte muchas veces depende del ojo que lo mire. Hay naturalmente una sociología del espacio que habitamos y el imaginario de la distancia tiene poco que ver con el espacio físico.

El profesor Reina lo experimentó precisamente cuando dictó cursos en Fajardo. Recuerda que en alguna ocasión se le ocurrió preguntar a sus alumnos -de nivel universitario- cuántos habían ido alguna vez a San Juan. Para su sorpresa, la mayoría nunca había estado en la capital. De manera que hablar del Morro, del Capitolio y de las zonas históricas del área metropolitana era irremediablemente hablar de una abstracción.

Por lo mismo no es de extrañar que para muchos en Puerto Rico, Nueva York sea más cerca dentro de su imaginario que, digamos, Haití o Jamaica. Una reflexión que invita a pensar en la posibilidad -y esto es sólo una suposición y una invitación a la reflexión- de que para muchos la existencia de 78 municipios sea, entre tantas cosas, una manera de agrandar el espacio físico de la Isla. Pero, claro, eso bien podría ser simplemente rizar el rizo.

Lo que sí es constatable es que de esa relación distante que existe entre muchos pueblos, y de realidades como el hecho de que viviendo en esta Isla muchas personas nunca han visto el mar, se puede observar cuán profundo puede verdaderamente penetrar el estado en su territorio.

Reina comenta al respecto citando al historiador Fernando Picó: “él ha dicho que la presencia del Estado entre en la vida de los puertorriqueños siempre ha sido muy débil y a eso uno podría agregar que, a mayor distancia de San Juan y de la isleta de San Juan, menor presencia del Estado.  Por lo tanto, la Isla se organizó desde una perspectiva de la autogestión porque la gente que se ubicaba tenían que proveerse su propio sustento, se dedicaban al contrabando, a la agricultura, a la ganadería y eso produjo una geografía con muchas unidades”.

Sin embargo, esto no significa que en todos los municipios se ejerza más poder que el que emana del Estado. “Siempre hay municipios pobres y otros ricos”, recuerda Reina.

Pero más allá de esto, que sin lugar a dudas, es un constructo tanto de nuestra historia como de nuestra cultura política, lo cierto es que en medio de una crisis económica como la presente es justo reflexionar sobre todo acerca de la eficiencia en todos los aspectos de nuestro universo administrativo.

Esta es una isla de contrastes, a pesar de que es pequeña las diferencias en los lugares de origen son enormes. Por ejemplo los que nos llamamos sanjuaneros tenemos muchas veces una actitud bastante condescendiente con los residentes de la isla

“Entre las cosas más concretas que se desprenden de esto primero está el que se subordina al país a una estructura ineficiente y eso determina en una medida la cultura cívica que puede ser detrimental para el gobierno. Algunos servicios pueden no estar disponibles y entre las cosas menos concretas, los puertorriqueños somos leales a los lugares donde nacimos, y establecemos unas relaciones entrañables con esos espacios, con sus costumbres, tradiciones. Esta es una isla de contrastes, a pesar de que es pequeña las diferencias en los lugares de origen son enormes. Por ejemplo los que nos llamamos sanjuaneros tenemos muchas veces una actitud bastante condescendiente con los residentes de la isla”, reflexiona Reina para quien de otra parte esa fragmentación fue útil sobre todo en la segunda mitad del siglo XX para adelantar una idea de abundancia.

“Se podía repartir a través de los municipios. Esa fragmentación ha servido al poder político, sirvió al poder colonial y sirve para movilizar gente en el plano político”, añade.

Ambos -y con ellos coinciden muchísimas voces dentro del escenario público- reconocen que si bien hay una irracionalidad administrativa, también es muy poco probable que se supere la resistencia a pensar el país dentro de un panorama municipal distinto. Sobre todo porque hay un acercamiento muy emocional al debate.

“Hay unas secciones en la ley de municipios autónomos que abordan racionalmente el asunto, sobre todo con relación a los barrios pero nunca se implementaron… En Estados Unidos, por ejemplo, los alcaldes en muchos lugares no lo son a tiempo completo. Tienen un administrador de la ciudad y el alcalde es casi un título honorario. En Puerto Rico el alcalde tiene que crear toda una infraestructura”, señala, por otro lado, Torrech quien le apuesta a la posibilidad de atender problemas regionalmente como se pensó en la época del fenecido alcalde cagüeño William Miranda Marín.

Después de todo, uno de los principales problemas termina siendo la duplicación de esfuerzos. “Esa repetición es lo que hace que los municipios no sean viables. Muchas de estas estructuras hubo que crearlas en los 60 porque eran requerimiento para recibir fondos federales, también la burocratización fue un producto de la necesidad de crear empleos en esa década”, explica.

Muchas de estas estructuras hubo que crearlas en los 60 porque eran requerimiento para recibir fondos federales, también la burocratización fue un producto de la necesidad de crear empleos en esa década

Sin embargo, dentro de todo hay un aspecto que complica y profundiza este debate y es el hecho de que en cada pueblo hay un sentido de identidad muy profundo. “Y eso es algo muy bueno pero en términos económicos no es viable. El problema es la gerencia, no se justifican 78 administraciones municipales. No se suprimirán los municipios, eso es una cosa muy emocional, pero se puede consolidar su administración”, afirmó Torrech.

¿Hacia dónde se encamina este debate? La dirección es evidente. ¿Qué resultará de ese esfuerzo? La respuesta a esa pregunta es una seña más de nuestra identidad.

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2 Comments

  • Lorraine de Castro 11/10/2014 - 7:12 pm

    ESte articulo da en el clavo para entender el porque nos toma tanto tiempo ponernos de acuerdo para lograr cambios economicos o politicos. El tribalismo no permite que salgamos del atolladero en que estamos. Habria que dejar de pensar en ser de uno u otro pueblo o de una u otra urbanizacion o de uno u otro partido politico y comenzar a pensar como Isla, como pais. Solo asi lograremos ser un pais independiente. Parte de la razon por la que pensamos asi ha sido consecuencia de la manipulacion desde tiempos de Espana, por los dirigentes politicos (aqui incluyo los de aqui y los de alla) porque divididos nos controlan mejor.

    • Tatiana Pérez Rivera 23/10/2014 - 9:51 am

      Gracias por comentar Lorraine. Sigue disfrutando Lapicero Verde. T.