22/03/2015


El resistente corazón de Haití

Crónicas y notas periódisticas sobre distintos eventos ocurridos en Haití de la autoría de Huáscar Robles Carrasquillo, componen su nuevo libro Puertos Príncipes: temblemos todos


L

o de Huáscar Robles con Haití comenzó en Piñones. Allí el reportero y escritor boricua documentó la vida de varias familias haitianas que vivían en Puerto Rico, donde vendían santos y pilones cuyas ganancias se convertían en remesas que enviaban a sus familias en tierra haitiana.

Ese fue apenas el principio de muchas preguntas para las que Robles fue encontrando respuestas en diversos viajes a la hermana isla para cubrir eventos tan dispares como la secuela del terremoto que sacudió su geografía en el 2010 ó la puesta en escena de la compañía de danza contemporánea Ayikodans.

Esos textos y crónicas periodísticas reposaron un tiempo y fueron depurados. Ahora se reúnen en el libro Puertos Príncipes: temblemos todos, que además cuenta con fotos tomadas por Robles. Editado por el sello La secta de los perros, el libro fue presentado en Piloto 151 en el Viejo San Juan.

La entrega se divide en dos partes. La primera recoge sus experiencias en reportería realizada entre enero y marzo del 2010 cubriendo el impacto del terremoto, qué sucede en la frontera con Jimaní en la República Dominicana y explorando el efecto de la intervención internacional en la economía haitiana.

En la segunda parte, Robles reporta sobre la vida en los campamentos de refugiados, documenta abusos de género y registra la procesión del Viernes Santo en Champs de Mars en una crónica. Para concluir detalla su viaje junto a la compañía de danza contemporánea Ayikodans hacia el festival “Hymne a la vie”, celebrado en el pueblito sureño Aquin, y presenta un resumen del estado el país francófono a cinco años del terremoto.

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Bailarines e intérpretes de Ayikodans se preparan para el concierto “Hymne a la vie” en el pueblo de Aquin.

Y la semilla de todo este interés comenzó en Piñones.

“Estudiaba una maestría en Estudios Culturales en la Universidad del Sagrado Corazón cuando le propuse a la decana que en vez de hacer un escrito como tesis quería trabajar también un documental, porque ya me había interesado en los haitinos que vivían en Piñones luego de vivir en Humacao”, cuenta Robles quien además cursó estudios en la Universidad de Puerto Rico, en la Universidad Internacional de Florida y en la Universidad de Nueva York.

“Ellos sen sentían invisibles aquí y con ese pequeño documental inició mi acercamiento al tema”, resalta sobre aquel trabajo que tituló La costa invisible.

Experimentaban dos tipos de invisibilidades: la deseada y la no deseada. “En Puerto Rico hay un nivel de racismo que no se puede obviar y las comunidades hatianas, no solo por su situación lingüística sino también por su color de piel, se sienten rechazadas; así que se autoimpusieron esa invisibilidad para sobrevivir. Luego está la invisibilidad que querían los mercaderes de artesanías porque estaban vendiendo bastante bien sus pilones y santos aquí y enviando remesas bastante altas a sus familias. Si los mercaderes puertorriqueños sabían lo mucho que hacían iban a querer entrar a ese negocio. Por eso se mantenían (vendiendo) en lugares apartados y paupérrimos. Ya los puertorriqueños entraron a esa venta y de las diez familias haitianas que había ahora quedan una o dos”, agrega Robles.

The Ochberg Society había reclutado al periodista para que, con una beca, cubriera la deforestación ambiental en Haití y cómo se afecta la relación entre campesinos haitianos y dominicanos en la frontera Jimaní. Entonces dos días después ocurrió el terremoto que lo cambió todo, incluso la asignación de Robles. Debía entonces reportar el estado de la isla luego del desastre natural.

“Llegué siete días despues”, recuerda esa primera visita que impulsó varias historias publicadas en la página www.dartcenter.org.

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Familia en su casa derrumbada en la zona La Ville en Puerto Príncipe.

De francés Robles sabe “bien poquito”, así que se unió al periodista italiano Marco di Lauro y a su intérprete en su paso por la zona.

“Tuve la buena fortuna de encontrarlos. Él estaba a regañadientes al principio, porque no quería hacerse cargo de nadie, pero me quedé con ellos y crucé todo Puerto Príncipe”.

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E

sta vez no era Robles quien consumía contenido periodístico sobre un suceso internacional, sentado en la comodidad de su casa. Esta vez Robles veía de primera mano lo que sucedía en Haití luego del terremoto.

“Lo que más me intrigó fue la forma en que estas personas manejaron la tragedia. Muchos medios ponen fotos de la gente alborotada, robando cosas o llevándose sacos de arroz que les tiraban y sí, yo ví cierto caos, pero también había una organización entre ellos increíble y una preocupación de sobreponerse. Estuve en medio de un motín/balacera no muy horrible y una señora me vio la cara de asustado y me dijo ‘no tengas miedo’. Sentías en todas partes su compasión a pesar de lo que vivían”, afirma el colaborador de la sección Buscapié de El Nuevo Día.

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Barbería en el Campamento Petionville.

La segunda travesía de Robles lo llevó a visitar campos de refugiados en los que las comunidades improvisaban sistemas de orden y vigilancia.

“Tenían entre ellos turnos de seguridad para que nadie les robara, ponían música en las noches para evitar que todos durmieran y no se aprovecharan de ellos, tenían chinchorros para vender sus productos, seguían una autogobernanza entre ellos. La escritora Rebeca Solnit, en su libro Paradise Built in Hell, ha escrito sobre esto, cómo en una crisis aguda, contrario a lo que pensamos, la gente no sale a matarse entre ellos. Ví mucha organización y compasión, mucho orden”, sostiene.

The Ochberg Society y el Centro Dart en la Universidad de Columbia entrena periodistas para cubrir conflictos y zonas en guerra. Robles fue asociado en el 2009 del Centro Dart para el Periodismo y Trauma y del Instituto para la Justicia y el Periodismo.

“Nos enseñan a tener cuidado de cómo entramos con la cámara”, dice, “y qué vamos a enfocar porque eso afecta la política pública inernacional hacia ese país. Lo que viví fue bastante liviano en comparación a otros compañeros pero yo llegué bastante afectado. Personal de apoyo de Ochberg se asegura después que estemos bien”.

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“Ví mucha organización y compasión, mucho orden”, dice Robles. Aquí, mujer en el campamento de refugiados en Place Saint Pierre.

En principio el relato que dio pie a Puertos príncipes: temblemos todos se escribió en el 2011 en inglés y a manera de diario. Luego Robles retornó a la tarea en el 2013 y no solo lo tradujo al español sino que le cambió por completo el formato de redacción.

“Rafa (Acevedo) me dio biuenas ideas”, cuenta sobre su editor en La secta de los perros, “él y Adaris García, la diseñadora, lograron que visualmente el libro tuviera la misma fuerza de las palabras. Ni me lo imagié como quedó, las fotos y las palabras tienen mucho sentido”.

Robles acepta que sus visitas a Haití lo hicieron “mejor reportero de conflicto”. “Ahora que sé el impacto que puede tener un artículo sobre la situación frágil del un lugar lo tomo con más cuidado”, comenta el periodista que se dará una oportunidad con la escritura de ficción y ya escribe un texto que podría llamarse Santurce y sus silencios.

A Haití retorna en abril para documentar el encuentro de Akiyodans con varias homólogas en escena.

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Bailarín Johnnoiry Saint Philippe durante la presentación de la compañía que integra, Ayikodans, en Aquin.

“Será lindo”, anticipa, “una de las cosas que queríamos hacer cuando estábamos allá era unir a Puerto Rico con Haití porque esos lazos están desvinculados hace tiempo. Te digo que a la gente de Haití, yo la quiero mucho. Es una país bellísimo con una música buenísima pero lo mejor que tiene es su gente; ese corazón que tienen es grande. Estoy muy deseoso de ir de nuevo”, acaba Robles.

Puertos príncipes: temblemos todos está disponible en las librerías Libros AC, frente a Ciudadela en Santurce, así como La Tertulia y Mágica en Río Piedras.

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