07/09/2014


“Vivimos detrás de esos pájaros”

El nacimiento de dos cotorras autóctonas fuera del área de protección en el Bosque Río Abajo de Utuado prueba que cuando la naturaleza quiere…


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e una abertura alargada en el tronco de un árbol casuarina, o pino australiano, salieron dos pichones de cotorra puertorriqueña. Estaban fuera del área protegida en que se resguarda el apareamiento y desarrollo de su especie en el Bosque Río Abajo que albergan Utuado y Arecibo. Hacía 114 años que esto no sucedía desde un nido silvestre. Eso explican los científicos.

Una cámara con extensión telescópica lo documentaba todo desde un escondite de camuflaje preparado con ramas por empleados del Programa de Recuperación de la Cotorra Puertorriqueña del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA). El primero voló el 21 de julio y el segundo polluelo el 22.

Desde el 1968, la cotorra autóctona (amazona vittata) entró en la lista federal de especies en peligro de extinción, en parte gracias al cambio drástico de su hábitat natural. Hace años viven protegidas en El Yunque y en Río Abajo. Se proyecta queel año próximo se establezca otro espacio de conservación similar en el Bosque Estatal de Maricao.

cotorra y padres

Desde el nido silvestre se asoman al mundo las cotorras, ante la atención de sus padres en las ramas a la izquierda. / Suministrada JPBanchs DRNA

“El árbol estaba en el bosque mixto -donde hay comida todo el año-, bien cerca de nuestra área de liberación de cotorras. Jong Piel Banchs, el biólogo que llevaba más tiempo observando el nido silvestre, había salido a almorzar y Tanya Martínez y yo documentamos el primer vuelo. Fue un evento extraordinario, a todos nos dieron ganas de gritar de alegría”, acepta Gustavo Olivieri, líder del programa del DRNA que cuenta además con el apoyo estrecho del Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre y del Servicio Forestal Federal y quien se perdió el segundo vuelo.

Banchs y el auxiliar de investigaciones Tomás Medina dedicaron horas a realizar observaciones de comportamiento y telemetría en la zona luego de percatarse en mayo que fuera del área de cautiverio -en la que se crían 216 cotorras- había indicios de que un nido silvestre cobijaba pichones. Los transmisores que conservaban los padres confirmaban que habían crecido en la zona de cautiverio.

“La verdad es que nosotros vivimos detrás de estos pájaros. Fue una mezcla de mucho trabajo y buena suerte. Habíamos visto que un macho llegó a la zona, vocalizó y la hembra salió del nido. Él trae la comida”, explica Olivieri sobre las aves cuyo sexo no se identifica por apariencia sino con un examen de sangre.

Cuando ambos salieron del nido en aquel momento, se ubicó la cámara que entró al mismo y corroboró la existencia de los pequeños. “Pero eso es un minuto y ya, a salir corriendo de nuevo porque no queríamos que nos vieran ni intervenir. Había que monitorear eficientemente sin perturbación”, dice sobre el plan de toma de fotos y vídeos en el área abierta que se mostró en una conferencia de prensa liderada por la titular del DRNA, Carmen Guerrero.

cotorra nido

Vista del interior del nido silvestre tomada por la cámara telescópica. Los polluelos aún no tienen plumaje. Suministrada / JPBanchs / DRNA

Cuando se sienten listos para salir, los pichones exploran poco a poco el nido. Olivieri señala que escalan la pared de éste y mueven las alas para ejercitar el instinto. “Una preocupación era que no queríamos tocar el nido y si se caían teníamos que subirlos. En el piso son víctimas de otros animales como las mangostas”, declara.

Ya cuando vuelan, “son cotorras hechas y derechas”, afirma refiriéndose a su estatura de doce centímetros, aunque hay características que le indican a un experto su edad aproximada como la coloración de los ojos.

Los pichones volaron en días diferentes. Sus padres los siguieron en cada vuelo de prueba.

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e enero a junio transcurre la temporada de reproducción de estas aves aunque Olivieri indica que bien puede atrasarse o adelantarse, como sucedió en este caso que fue a finales de julio. Aunque las cotorras puertorriqueñas son sociables, defienden su territorio. Los padres de los pichones mostraban señas de que habían defendido su espacio.

Algunos depredadores naturales de la cotorra boricua son el guaraguao de cola roja y el guaraguao de bosque, aunque éste último también está en peligro de extinción.

“La depredación es natural”, manifiesta el especialista y agrega que las cotorras la superan. Pero cuando la pérdida del hábitat se suma a la ecuación se complica el panorama. Entonces cada cotorra perdida se siente.

El programa que lidera Olivieri propicia la reproducción en cautiverio con miras a la liberación de las aves. Éste insiste en que la meta “no es críar mascotas”.

Se observan las características físicas de las cotorras para decidir si son genéticamente viables-cuello botella marcado es un indicativo- y si un macho y una hembra se llevan bien los separan de los demás y quedan solos en una jaula.

Ellos suelen ser monógamos hasta que la pareja muera, si ya no está buscan otra

“Ellos suelen ser monógamos hasta que la pareja muera”, sostiene sobre la práctica de regresar a su pareja para reproducirse, “si ya no está buscan otra”.

Los nidos merecen atención. Dado que no hay suficientes árboles con las condiciones requeridas por las cotorras para establecerlo -la juventud de éstos es una causa porque no poseen hendiduras muy profundas en los troncos- es necesario crear artificiales para asistirles. Los nidos artificiales se logran con cavidades hechas con tubos PVC que simulan los apreciados huecos en los árboles. En el caso de estos pichones, el nido silvestre era natural.

La topografía del bosque, la frecuencia de lluvia y los niveles de humedad aportan a mantener condiciones ideales para la vida, la reproducción y la crianza de la cotorra. Los excesos pueden provocar condiciones respiratorias en los pichones en crecimiento.

El área donde se formó el nido silvestre es cerca de la zona de liberación de cotorras del programa. Ya los técnicos habían identificado esas dos aves y las observaban. Ellas se acarician, copulan, se alimentan, luchan y hacen sonidos particulares que los fueron guíando hasta el nido.

La observación luego del vuelo inicial no culminó. Hoy siguen con vida los dos pichones que los hijos del gobernador Alejandro García Padilla nombraron “Chulisnaqui” y “Potrillo”. “Ya se integraron a la bandada”, apunta orgulloso Olivieri.

“La meta es tener poblaciones autosuficientes, que sigan creciendo sin intervenir nosotros. El habitat está ok y la alimentación, pero faltaba esta reproducción normal. Con este nacimiento en nido silvestre lo que nos dicen las cotorras es: ‘sí, podemos hacerlo completo nosotros, no nos molesten más ná'”, culmina entre risas Olivieri.

cotorra puertorriqueña

“Con este nacimiento en nido silvestre lo que nos dicen las cotorras es: ‘sí, podemos hacerlo completo nosotros, no nos molesten más ná'”, dice Gustavo Olivieri del DRNA. Aquí, los padres en el nido silvestre. / Suministrada / DRNA

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